En busca de la felicidad

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Este sábado pudimos disfrutar de una mañana estupenda con un taller muy significativo: En busca de la felicidad

Partiendo del cuento de El árbol rojo llegamos a interesantes reflexiones.

¿Qué es la felicidad? o mejor aún, ¿qué nos venden cómo felicidad?

Depende de a quién preguntes te responderá una cosa u otra. La felicidad es algo intangible, se siente o no se siente. Nos provoca alegría sentirla, pero también nos puede provocar sentimientos de frustración, ansiedad o desesperación creer que nunca la vamos a tener.

Vivimos inmersas en un sistema capitalista que produce deseos en cadena y muchas veces sentimos que nuestra felicidad va ligada a esos deseos o mejor, al hecho de conseguirlos. Hay quien es feliz acumulando cosas al igual que hay quien es feliz con lo mínimo. (Ojo, que ahora llegan las Navidades)

Tener todo lo que ansiamos no es tener la felicidad, aunque puede que creamos que sí. Creemos que somos libres, que tenemos la voluntad de elegir lo que queremos y en esas elecciones basamos también nuestra felicidad. Pero, ¿somos libres? O somos felices pensando que somos libres.

A veces nos pasamos la vida esperando algo…y ese algo no llega y eso nos hace infelices: esperamos la pareja de nuestra vida, el trabajo de nuestra vida, tener una familia, vamos, el paquete completo, y aquí volcamos nuestras expectativas, todo aquello que diseñamos a nuestro antojo y por lo que medimos el resto de las cosas y al resto de las personas.

Si vamos pensando en alcanzar la perfección y esta nunca llega porque nuestras expectativas son muy altas, lo único que alcanzaremos será un estado de frustración continuo.

Pero, ¿qué hacemos nosotras para que aquello que queremos ocurra? ¿Qué tipo de raíces tiene nuestro árbol de la vida? Si resulta que no estoy obteniendo los frutos que quiero, tendré que mirar si estoy abonando bien el terreno, si mis raíces, que son mis fortalezas están en buen estado o están podridas.

Proyectar mis deseos, mis frutos, y no conseguirlos no me lleva a la felicidad, sin embargo, si soy capaz de redirigir mis objetivos, priorizarlos y relativizarlos, probablemente sea más fácil que mi listón de la felicidad se ponga a mi alcance.

Para eso voy a revisar mis expectativas en mis tres niveles:

¿Qué quiero para mí?

¿Qué quiero para mis relaciones?

¿Qué quiero en mi mundo?

Es imprescindible revisar de tanto en tanto mis expectativas para ver dónde estoy en cada momento vital, porque si no, veré la vida pasar y con ella las oportunidades que quería para mí. El universo nos va dejando pistas, sólo hay que saber verlas y atraparlas al vuelo.

De esta forma podremos ir modificando nuestros planes y cuando surge una crisis, no sólo seremos flexibles en su tránsito sino que saldremos fortalecidas de ella, aprenderemos a sacarle el lado positivo.

Y,  ¿qué tienen que ver mis expectativas con el género? Pues todo. El sistema patriarcal nos enseña que no valemos lo suficiente solas, que no podemos llegar a lo más alto porque ya se encarga de no llevar a cabo la conciliación laboral, se encarga de que estemos pendientes de desear lo que no somos, porque en ese camino es donde él nos tiene subyugadas. A lo largo de la historia a las mujeres se nos negó estudiar, se nos negó trabajar y a las pioneras, esas mujeres que lograron salir adelante a pesar de todo, se las enterró bajo miles de nombres masculinos para que no asomaran la cabeza.

Pero ahora tenemos la posibilidad de plantar cara, de reprogramar toda esa historia que han  querido vendernos y de tomar las riendas de nuestra vida.

En ocasiones sabemos lo que queremos, pero también tenemos la creencia de que no va a ser suficiente, de que no valemos para ello, o peor aún, de que no nos lo merecemos (síndrome de la impostora) y aquí entra en juego una glándula muy útil que tenemos situada justo en medio del esternón y que se llama TIMO. El timo fue utilizada para la reprogramación durante años, y no es casualidad: esos golpecitos en el pecho al ritmo de por mi culpa, por mi culpa, no hacían más que incorporar en nuestros cerebros la idea de que todo era por nuestra culpa y con esa losa encima, ¿quién avanza?

Por eso es muy importante cambiar nuestra forma de pensar sobre nosotras, de vernos en positivo, de creer en lo que hacemos y en estar seguras de que lo que hacemos está bien hecho: PUEDO, QUIERO Y MEREZCO y esto también podemos hacerlo utilizando la misma glándula. Visualizando lo que deseamos y dándonos unos golpecitos al ritmo de quiero, puedo y merezco. No es un ejercicio largo, bastan cinco minutos al día y es efectivo.

Necesitamos empezar a buscar la felicidad dentro de nosotras, buceando hasta encontrar nuestra verdadera esencia, aquella que tiene mucho que ver con nuestra niña interior, lo que deseaba, lo que soñaba, lo que realmente le hacía feliz. Sólo en esa comunión con nosotras mismas está la respuesta.

Así que la propuesta es sencilla, volver a entablar conversaciones serias con aquella niña, conversaciones que nos den pistas de lo que hemos olvidado u omitido por estar inmersas en satisfacer deseos que no nos llevan a ninguna parte, e incluso deseos de terceras personas. Ajustar nuestra realidad a nuestros propios deseos es el único camino a seguir.

firma mavi

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